Artesania


Las sabias manos de nuestra tierra.

 

Hace tan solo veinte años  al visitar los pueblos de la provincia podíamos admirar los talleres artesanos. Productos, olores, colores sonidos y útiles peculiares se exponían a nuestros sentidos. Estaban abiertos en las calles porque la provincia de Salamanca conservaba una antigua y rica tradición de buen hacer artesano.

 

Salamanca  fue camino y encrucijada de caminos y  frontera, como todas, variable  y permeable,  musulmanes, judíos, mozárabes, mudéjares, tornadizos y cristianos fueron dejando sus iconografías y sus saberes artesanos.

 

Guarnicionería.

 

La Salamanca del charro a caballo, de la  vaquería del bravo, necesitaba y necesita “botos camperos“, sillas de montar y aderezos de montura.La propia Salamanca se lo proporcionaba. El curtido, el cuero, el trabajo de la piel fue tan importante que en  siglo XVIII constituyó una de las industrias más florecientes de la provincia, favorecida por franquicias y privilegios reales. Es el oficio de Guarnicionero.

 

 

El boto campero charro tiene su precedente en  la  bota alta, es realizado por encargo, a medida, demandado por la clientela ganadera e imprescindible de los toreros cuando visten de traje corto. Es indumentaria tradicional del charro, el boto de gala, abierto en el lateral y adornado con suntuosa botonadura de plata.

 

La industria de la confección de botos hoy se halla en manos de unos pocos artesanos, y perdura en lugares como Mogarraz, oficio heredado de padres a hijos. Sillas de montar artesanas se encuentran hoy en Béjar y en Monleras.

 

 

 

Alfareros tradicionales y ceramistas innovadores.

 

La cerámica salmantina de larga tradición alfarera en Cespedosa, El Bodón o Alba de Tormes  vive hoy una expléndida conjunción entre la tradición y la innovación.

 

 

A partir del siglo XVIII la loza blanca albense será sustituida por la denominada basta y amarilla y recupera su fama  de nuevo en el panorama español en el S.XIX  incorporando a las formas tradicionales otras con motivos zoomorfos, fitomorfos y geométricos transformando las formas utilitarias en otras meramente ornamentales destacando el barril de torre, pavo real o filigrana, identidad de la alfarería albense.

 

 

Numerosos ceramistas creativos trabajan  en nuestra provincia en localidades como Alba de Tormes, Aldeaseca de la Frontera , El Bodón, Cespedosa de Tormes, Ciudad Rodrigo, Fuentes de Béjar, San Martín del Castañar  o Los Santos.

 

 

 

La filigrana charra

 

El gremio salmantino de plateros nace como cofradía de oficio en el S. XV y conoce su momento más floreciente en el siglo XVIII perpetuándose de generación en generación hasta la actualidad.

 

 

Pero también en Salamanca se trabajaba y trabaja el oro, los “ourives”  u “oriveros” nombre que también reciben en Portugal los joyeros del oro.  

 

 

En ambos nobles materiales se ha trabajado con la refinadísima técnica de la filigrana, todo un trabajo de preciosista precisión.

 

Hoy aún muestran su buen hacer localidades como Ciudad Rodrigo, Tamames, La Alberca,  Mogarraz y la propia ciudad de Salamanca, tanto en las piezas de joyería tradicional como en las de nueva creación, que se han ido incorporado en los últimos tiempos.

 

 

Cada comarca muestra en sus aderezos las modas y gustos sucesivos.  En los trajes tradicionales la armadura de alhajas (nombre de origen árabe con el que se refieren a las joyas en la sierra de Francia)  era sello y seña.

 

Collares  o sartas de ellos más bien (charros, serranos), pendientes (de calabaza, llares, estribo, almendra, zarcillos), horquillas, sortijas (de almendra, de boda), galápagos, veneras, cruces, botones y toda suerte de adornos que acompañan la indumentaria tradicional, cuyo ejemplo más emblemático es el conocido botón charro.

 

 

Ya era conocida su existencia en tiempos medievales sin embargo su origen,  posiblemente,  se halle más atrás en el tiempo. Sus círculos concéntricos nos recuerdan irremisiblemente a piezas de los tesoros tartésicos y los anagramas célticos.

Esta artesanía con calidad artística ha sabido remontar los tiempos creando nuevas piezas estéticas, recreando las tradicionales y con la misma técnica depurada: el material (plata u oro) es laminado  y con el hilo se tejen finas mallas de filigranas.

 

El bordado popular serrano.

 

La corriente oriental venida de Bizancio del bordado culto tuvo en Salamanca una escuela que durante los S. XVI y XVII estuvo en su máximo apogeo con labores eruditas.

 

La sierra de Francia conserva en sus arcas y todavía en sus manos un rico legado iconográfico y técnico.

 

Es el denominado bordado popular serrano, cobijado en el ámbito doméstico y realizado por manos femeninas, a diferencia de los bordadores, masculinos, cultos. Este tipo de bordado estuvo extendido por toda la provincia salmantina alcanzando incluso áreas limítrofes. Sin embargo, ha sido en la Sierra de Francia donde se conserva.

 

 

Son dibujos que por lo común guardan una disposición simétrica en sus diseños, entre los que destacan animales como el león–pasante y rampante–, la pajarita, el pez o las águilas –monocéfalas y bicéfalas– , heráldicos o vegetales de ramas serpenteantes  que cubren prácticamente toda la superficie de la tela.

 

 

Animales mitológicos como dragones también forman parte de este bordado que en su horror vacui, y el que los animales tengan todos una especie de collarín a los estudiosos les ha hecho pensar en su origen oriental.

 

Los colores más habituales han sido los procedentes de los tintes naturales, generalmente de plantas que crecían en los campos salmantinos y son creaciones de un atractivo cromatismo donde no encontramos motivos geométricos.

 

 

La técnica de este bordado se denomina a “hilos contados” y cuenta con un sinfín de tipos diferentes de puntadas.

 

Las más hermosas y coloridas piezas, colchas, mantelerías, se hayan guardadas a buen recaudo en los arcas y arcones, y se transmiten “como oro en paño “ de generación en generación.  

 

Hoy en la mayor parte de los pueblos de la Sierra podremos observar pequeños cuadros bordados cada uno con un motivo iconográfico que se comercializan. Si queremos ver piezas más grandes tendremos que pasearnos, sobre todo en La Alberca en el Corpus o en las fiestas de agosto, donde desde los balcones cuelgan como estandartes los ajuares bordados.

 

Otros oficios

 

Algunos oficios artesanos perviven a pesar de los tiempos: Villoruela es el centro de artesanía de la mimbre, en la Alberca y Mogarraz, tallan la madera; por su parte, Montemayor del Río es la referencia en cestería de castaño. De otros solo nos quedan piezas maestras, como los carros pintados, dicen, los más bonitos de la península.

 

Y aún hay otros que se han adecuado a estos tiempos como la cantería de piedra de villamayor, o del granito en Los Santos o Villavieja, donde todavía se puede encontrar a algún maestro tallador.

 

 

Entre nuestros artesanos que son orgullo Luis Mendez Vieira, familia de orives de larga tradición de padres a hijos, que a quedado finalista y ha ganado los Premios Nacionales de Artesanía y Angel Pisonero, maestro ebanista y tallador cuyo taller en San Miguel de Valero ha sido el primero en ser considerado Taller de interés Artesanal en Castilla y León.

 

 

 

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