El Campo Charro


He pasado muchos de mis mejores momentos en el campo charro, pintando toros o simplemente contemplándolos”

decía Miguel de Unamuno.

 

 

 

El Campo Charro, corazón de Salamanca y en el corazón se halla, en el centro de la provincia. No son campos castellanos de horizontes lejanos que en verano se agostan.

 

Son Dehesas, la tierra del toro bravo, la morucha y el cerdo ibérico. Tierra de la encina, alcornoques, rebollos y quejigos a diferencia de otras dehesas solo de encina.

 

El paisaje es llano, pero alomado, con grandes árboles de copas enormes, bosques clareados y a sus pies y a su sombra ramonean las cabañas ganaderas y el cerdo ibérico crece en montanera.

 

De vez en cuando nos quedamos asombrados con las charcas, remansos de agua donde abrevan las reses.

 

Saliendo de la capital de la provincia, casi por cualquier carretera estaremos tentados de abandonar el coche y  contemplar la  estampa, tras un cercado un toro bravo nos mira, normalmente quieto, enhiesta la testuz. Normalmente también el viajero queda quieto, tras la valla.

 

 

 

Siguiendo las carreteras, a lo lejos podremos vislumbrar las mansiones ganaderas de los dueños.

 

Son como pequeños pueblos, con una casa principal y otras dependencias donde se acomodaban en tiempo los mayorales, los pastores de a caballo, la única manera de pastorear al bravo.

 

Plazas de toro, establos, tentaderos, porque el viejo oficio de crear la raza del toro de lidia necesita muchos menesteres, muchas labores camperas, mucho oficio y muchos pasos. Cuesta creer que el toro de lidia, cada uno, tenga nombre propio, que lo tiene.

 

La Dehesa salmantina se ha ido creando a través de los siglos, los primigenios bosques de “querqus” se fueron aclarando, y aún se conserva en alguna la tradicional propiedad del “suelo “ y el “vuelo”.

 

La dehesa provee de pastizal bajo los árboles, de las bellotas caídas de los mismos , pero también provée de la hasta hace poco tiempo riqueza de la noble madera de encina, para la construcción y para caldearse en los fríos inviernos. Suelo y vuelo.

 

 

 

El término dehesa, proviene de defenderé  como la denominó el permiso real para acotar y cerrar las fincas ante los privilegios del Real Concejo de la Mesta-

 

Por aquellos tiempos  las cabañas trashumantes de oveja se trashumaban, se llevaban, de norte a sur por la Cañadas Reales  para la producción lanera de Castilla en su apogeo.

 

Así, mediante la tierra en dehesa, se permitió defender espacios para los ganaderos locales de los otros ganados trashumantes.

 

 

Se trata de un espacio único donde tanto los animales como el hombre respiran paz. El rey de la dehesa, el toro habita en extensos territorios moviéndose en libertad.

 

El toro de lidia actual es fruto de la cuidadosa labor llevada a cabo por los ganaderos a lo largo de la historia que han ido escogiendo los mejores mediante diferentes sistemas de selección de hembras y machos.

 

Son numerosas las ganaderías salmantinas que permiten visitas turísticas para asistir a las diferentes tareas camperas como el deshaijado, el herradero y la tienta, esta última diferente para machos y hembras. Es todo un mundo de secretos para descubrir en plena naturaleza.

 

 

“Alza, toro de España: levántate, despierta.

Despiértate del todo, toro de negra espuma,

que respiras la luz y rezumas la sombra,

y concentras los mares bajo tu piel cerrada. 

Despiértate…”

Miguel Hernandez