Entre Vinos


 

Ven a disfrutar de las rutas del vino de Salamanca

 

 

El vino, ese divino elixir que incluso inspiró la creación de dioses dedicados a sus mundanos placeres, regando los banquetes a lo largo de la historia, las civilizaciones y las culturas.

 

Hoy su presencia perdura en nuestras mesas, vinos con fuerza acompañan el sabor de las buenas carnes, los blancos con sus aromas maridan a la perfección con lo que el mar nos ofrece y los rosados nos refrescan en cualquier momento y lugar.

 

Estos caldos llevan siglos omnipresentes en nuestra cultura, siendo referentes de nuestra gastronomía y eje principal de muchos territorios en los que la consagración de sus gentes al cuidado de los viñedos y la elaboración de sus vinos están arraigadas a su vida y su cultura.

 

 

Salamanca te ofrece no sólo la posibilidad de Saborear su diversidad de vinos sino la experiencia de sumergirte en su mundo. Conocer las zonas dónde se cultiva la vid, sus variedades y las características que las hacen especiales.

 

Podrás conocer el ciclo que atraviesa la uva desde su nacimiento hasta que se vendimia, los cuidados que necesita contados por las manos expertas que los realizan, recorrer los viñedos, probar sus sabores mientras continúan siendo frutos.

 

Aprender como se recogen en la vendimia  y el delicado proceso de elaboración que atraviesan hasta nuestras mesas. Escuchar los secretos que pasan de generación en generación (no todos, claro) contados por los bodegueros que mezclan técnicas modernas con tradiciones ancestrales demostrando su maestría, el cuidado y el respeto que aprendieron de sus padres.

 

 

Las rutas del vino que se están realizando en las dos zonas vitivinícolas de la provincia, Los Arribes del Duero y La Sierra de Francia, son el complemento perfecto para recorrer dos de los espacios más espectaculares de Salamanca a la par que se realizan diferentes actividades en las bodegas y los viñedos, junto con catas y otro tipo de experiencias.

 

Existe también una Ruta Internacional del Vino Vinduero con sede en Trabanca.

 

El vino, como producto turístico, el enotusimo, se ha implantado hace menos de una década, sin embargo, en Salamanca, la viticultura lleva siglos de buen hacer que llegan hasta el momento actual con dos Denominaciones de Origen, “Vinos de la Sierra de Salamanca” y “vino de la Tierra de Arribes” que se asientan sobre dos zonas y dos identidades bien diferentes.

Tienen también, a pesar de la distancia, algunas características semejantes,  son zonas de microclima mediterráneo, su producción se lleva a cabo mediante el abancalamiento de sus pendientes creando pequeñas terrazas que no permiten la introducción de grandes maquinarias, y ambas guardan cepas de siglos.

 

Una larga tradición de convivencia con el entorno que ha sabido extraer lo mejor de él sin dañarlo, de ahí que ambas zonas vitivinícolas pertenezcan a dos Espacios declarados por la Unesco como Reservas de la Biosfera, La Reserva de la Biosfera de las Sierra de Béjar y Francia y la recientemente Reserva de la Biosfera de la Meseta Ibérica.

 

En uno y otro espacio los pueblos conservan sus bodegas tradicionales donde las gentes siguen haciendo sus caldos caseros y el paisaje de sus pendientes hasta los ríos se jalona de terrazas donde las cepas se agarran a la tierra, que tanto costó mantener sujeta.

 

En la Sierra de Salamanca, La Rufete es la variedad autóctona y predominante. Altamente adaptada a la zona, de racimo pequeño, apretado y con un grano de tamaño medio y hollejo fino.

 

Es una variedad sutil, de compleja elaboración, que aporta aromas delicados con recuerdos a frutas rojas y especiados, con taninos dulces y suaves que aportan elegancia y complejidad a los vinos.

 

Otras variedades a destacar en el territorio son la Garnacha tinta y el Tempranillo, conocidas en la zona como Calabrés y Aragonés respectivamente.

 

Ambas son clones de la variedad principal, estando adaptadas a las peculiares características de la Sierra debido a un proceso evolutivo y adaptativo de varios siglos. Esto les confiere pequeñas características diferenciadoras de la variedad en general.

 

Por su parte en Las Arribes se cultivan también variedades autóctonas tradicionales, la Juan Garcia y  Bruñal.

La Bruñal antiguamente existía en todas las parcelas y la consideraban una variedad reparadora y equilibradora, siempre se vendimiaba la última porque aguantaba muy bien.

 

Aunque tiene un rendimiento bajo existía en las parcelas  de manera muy escasa  para poder compensar al resto de las variedades, como rufete, tempranillo, mandón, bastardillo chico.

 

En las blancas predomina la malvasía que como resultado da unos deliciosos vinos blancos afrutados y frescos. También encontramos otras como el verdejo blanco y colorado.

 

Vive en primera persona esta cultura, esta tradición de uno de los productos estrella de nuestra tierra, comparte la pasión de los que dedican su vida a ella y por supuesto disfruta probando las distintas variedades, colores, olores y sabores de este liquido tan especial

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