Naturaleza en Salamanca


 

La imagen de Salamanca, del charro a caballo esconde serranías de valles voluptuosos, frondosos bosques, nieves perpetuas y en Las Arribes paisajes de vértigo sobre el Duero.

Salamanca suena a toro bravo, encinas adehesadas y llano; suena a estepa castellana, a cereal, sin embargo la naturaleza Salamantina es única en su diversidad y paisaje, entre lo atlántico y lo mediterráneo, también por su especial situación en el borde de la meseta norte penínsular.

 

 

En el Sur las sierras: de Francia,  Béjar-Candelario y la de Gata son la frontera con las tierras extremeñas, un tremendo escalón entre mesetas donde se alza el Sistema Central, y cuyo único paso, hoy se sabe que transitado desde épocas pre-romanas, es la fosa que produce el rio Alagón.

 

En la Sierra de Francia los ríos han labrado bellos valles cubiertos de vegetación, los pueblos se apiñan, ya en laderas o en cumbres o al fondo de los valles.

 

Todos cercanos, las carreteras actuales suben y bajan llenas de curvas, pero próximos todos, los pueblos,  siguen teniendo sus senderos que entre bosques o terrazas les unían en el pasado, y les unen hoy.

 

Dependiendo si es umbría o solana, las laderas se cubren de bosques hasta llegar al fondo del valle, al encuentro del río: Francia o Alagón, Batuercas, saltando en cascadas sobre las piedras o con remansos, verdaderas piscinas naturales.

 

En otras laderas los cultivos se disponen en bancales, olivos, vides, huertos. En primavera las extensiones de cerezos arrancan a florecer, en otoño la sierra se llena de tonos rojizos y amarillentos precursores de la caída de las hojas.

 

 

La Sierra de Béjar y Candelario es más alta, más fría, con nieve en sus cumbres, más sierra. Los circos glaciares han modelado las laderas creando lagunas. Torrentes de agua del deshielo bajan la montaña.

 

La vegetación no llega a las ariscas cumbres pero extensos bosques de robles, pinos y castaños, junto con piornos, genistas y brezos remontan las pendientes de la sierra, como los que se localizan en la espléndida Dehesa de Candelario.

 

 

Ambas sierras Francia y Béjar  han sido declaradas Reservas de la Biosfera  por la Unesco en reconocimiento de la lenta labor que los pueblos que las han habitado han realizado, nutriéndose y cambiando el medio natural, pero preservándolo en un equilibrio que dura hasta nuestros días.

 

Las masas de robles de Las Quilamas sirven de puente entre las dehesas del Campo Charro con los bosques del Parque Natural de Batuecas-Sierra de Francia. Zona de media montaña de lomas redondeadas y valles angostos por donde discurren los arroyos de Quilamas y la Palla.

 

La topografía irregular, la existencia de cursos de agua estrechos y encajados, los contrastes entre las zonas de roca desnuda y el mosaico de colores de la cubierta vegetal hacen de este espacio natural un sitio singular.

 

 

Por último, con respecto a los paisajes serranos, la Sierra de Gata es el último macizo del Sistema Central en tierras Españolas.Los grandes bosques de roble Rebollo son los más extensos de la Península Ibérica cubriendo buena parte de las laderas de esta sierra dándole nombre al Espacio Natural Protegido de El Rebollar.

 

Hacia el oeste de la provincia los ríos Duero, Agueda y Tórmes, fronteras naturales con la vecina Portugal, han oradado el terreno en la zona denominada Los Arribes, donde el agua discurre en el fondo de profundos escarpes y su especial situación propician los saltos eléctricos más productivos de España.

 

Es aquí donde el Duero se hace navegable desde el Muelle de Vega Terrón. Se trata de un espacio abierto, donde desde el suelo español se divisan las perfectas terrazas de la parte portuguesa, que en bancales cultivan vid y olivos. Este Espacio ha sido declarado hace poco tiempo como Reserva de la Biosfera Transfronteriza de la Meseta Ibérica  junto con Los Arribes de Zamora y la ladera Portuguesa.

 

 

Y no vamos a olvidarnos del icono salmantino, El Campo Charro, la dehesa salmantina que es tanto un ecosistema seminatural, como un tipo de gestión humana sobre el medio ambiente para su provechosa y respetuosa explotación.

 

El término Dehesa proviene del castellano antiguo “defensa” haciendo referencia al terreno acotado al libre pastoreo de los ganados trashumantes, donde a partir del bosque de encinas primitivas sobre suelo poco fértil, la necesidad humana se empeñó en arrebatar tierras al bosque y poderlas destinar al pastizal.

 

La dehesa se conserva con intervención humana podando y desbrozando la encina para que el toro de lidia o el cerdo ibérico consigan sus sustento.

 

Es el paisaje dominante en el centro de la provincia, un bosque claro de encinas. Se dice por estas y otras tierras que “del cerdo hasta los andares” , la productividad de la dehesa para el desarrollo humano ha sido tal que se comparten de ella dos partes, unos son dueños del “suelo” donde tienen su ganado, otros del “vuelo” la encina y su madera y a través de los siglos en armonía.

 

 

Esta riqueza y diversidad natural y cultural se sigue manteniendo a través de las figuras para la protección de los ecosistemas como son la existencia de tres Parques Naturales, dos Zonas Naturales y dos Reservas de la Biosfera.

 

Salamanca ofrece diversidad de oportunidades para quien guste de adentrarse en la naturaleza.