Reservas de La Biosfera


Tesoros de La Provincia

 

Salamanca tiene el gran honor de contar con dos territorios privilegiados, reconocidos internacionalmente con la figura de Reserva de la Biosfera. 

 

Un paisaje sorprendente, un medio natural privilegiado y una integración del hombre con la naturaleza nacida del respeto de generación en generación son los ingredientes principales que dan a estas zonas una singularidad tan especial.

 

Ambas son un excelente ejemplo de biodiversidad natural y sostenibilidad del medio ambiente. Hombre y medio se dan la mano para crecer juntos, para respetarse y mantenerse mutuamente. Este aspecto tan escaso en nuestros días es lo que le otorga a las Reservas de la Biosfera de Salamanca su mayor y más valioso atractivo.

 

reservas de la biosfera de salamanca

 

Estos lugares nos invitan silenciosamente a disfrutar de sus placeres. A adentrarnos en sus rincones y descubrir sus secretos. Es una invitación sincera a perdernos en ellos y vivir una experiencia única conociéndolos.

 

Sin duda, uno de esos placeres es pasear por las plazas, calles y callejuelas de sus pueblos, algunos de ellos declarados Conjuntos Histórico Artístico, mezclándonos con su historia y su cultura. Descubrir la amabilidad de sus gentes, conocer sus costumbres, sus tradiciones y si tenemos suerte ser partícipes de algunas de ellas que con toda seguridad nos dejaran un recuerdo imborrable que a muchos nos hace volver una y otra vez.

 

A la hora de sentarnos a la mesa, nos tienta su gastronomía, basada en la calidad de los productos autóctonos: jamón Ibérico (producto estrella de esta tierra), toda clase de embutidos, carnes de las ganaderías salmantinas, quesos artesanales y otros muchos manjares completan un extenso menú que no dejará hambrientos incluso a los paladares más exigentes.

 

También nos tentarán sus vinos, sobre todo las variedades del tinto, que maridan a la perfección con las sabrosas carnes tan abundantes en los platos típicos. Aquí también se recurre a la generosidad de la tierra ya que ambas zonas cuentan con su propia Denominación de Origen.  Los más curiosos pueden hacer Las Rutas del Vino, para sumergirse más de cerca en la cultura de su elaboración.

 

Perderse por cualquiera de estos territorios es reencontrarse con la Historia. Desde  Las pinturas rupestres en Las Batuecas, Los castros vetones,  Las minas de oro romanas en Las Cavenes hasta los numerosos Castillos y Fortalezas que vigilan impasibles el paso del tiempo. Todo un espectáculo para aquellos que además quieran hacer también un pequeño viaje por el tiempo. 

 

Tanto la Sierra de Francia, la Sierra de Béjar  como Las Arribes del Duero nos ofrecen un amplio abanico de posibilidades para los que nos encanta escaparnos de vez en cuando, desconectar del mundo (si es que podemos conseguirlo) y disfrutar del aire libre, del contacto con la Naturaleza, y de la libertad de perdernos en el paisaje.

 

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Como no podía ser de otra manera el medio natural está omnipresente mires donde mires. Montañas, ríos, bosques y vertiginosos acantilados se integran en el paisaje con la mano del hombre. Las numerosas rutas que los atraviesan nos permiten adentrarnos en ellos, cada una con su singularidad,  para descubrir los tesoros naturales que nos esperan.  

 

Algunos de ellos tan famosos como La Peña de Francia, el Pozo de los Humos en Las Arribes o el Valle de las Batuecas en la Sierra de Francia. Otros menos conocidos como el Valle de Belén o Las Lagunas del Trampal en la Sierra de Bejar. Por no mencionar los innumerables miradores desde los que asombrarnos con uno de los cañones naturales más grandes de Europa que da su nombre a Las Arribes del Duero.

 

reservas de la biosfera de salamanca

 

Pero sin duda el mayor tesoro de las dos Reservas de la Biosfera de Salamanca se esconde en una antigua relación, en la que la integración de lo humano con la naturaleza de su hábitat llega a la simbiosis en muchos casos. En algunos rincones y modos de hacer se puede percibir esa bella y sabia integración, que aun siendo urbanos, de “ciudad”, nos llega, nos dice y nos comunica como una obra de arte atemporal que sabemos reconocer en alguna parte de nuestro interior.

 

Caminos y verdeas trazados por el mejor lugar, recogidos allí donde el agua puede hacerles huella…y esas paredes de piedra en seco, sin argamasas, colocadas con la maestría del oficio artesano, posibilitando cultivar una tierra que por su inclinación no lo permitía. Pero sin forzar la ladera, en bancales organizados y sabiamente llevados por el contorno lateral de la montaña.

 

 

Las formas simbólicas de entender y canalizar ordenadamente y con el mejor beneficio los elementos naturales, en un entendimiento sin pretender dominar ni estrangular, permitiendo su respiración y desarrollo; manteniendo su pura manifestación desde una singular templanza y cariño por la natura que ya ha desaparecido de otras muchas comarcas y territorios.

 

¿Quieres descubrir más sobre cada una?

 

 

Reserva de la Biosfera de los Sierras de Béjar y Francia

 

 

 

 

Reserva de la Biosfera de la Meseta Ibérica